martes, 7 de abril de 2026

Ivan Illich



Juan Gérvas (Doctor en Medicina, médico general rural jubilado, Equipo CESCA, Madrid, España, exprofesor de salud pública, Universidad Johns Hopkins, Baltimore, Estados Unidos, Autónoma de Madrid y Escuela Nacional de Sanidad) jjgervas@gmail.com @JuanGrvas @juangrvas.bsky.social

Formación

Iván Illich fue pedagogo y ensayista mexicano de origen austríaco. Nació en Viena, Austria, en 1926 (el 4 de septiembre) y murió en Bremen, Alemania, en 2002 (el 2 de diciembre).

Huyendo del racismo nazi (su madre era judía sefardí) terminó con 15 años en Italia, a cargo de su madre, viuda, y de dos hermanos menores. Cursó estudios de Cristalografía en Florencia y en Roma, y de Teología y Filosofía en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma. Obtuvo un doctorado en Historia en la Universidad de Salzburgo (Austria) y un postdoctorado en la de Princeton (Estados Unidos). Durante su estancia en Roma profesó como sacerdote católico.

El médico como técnico anónimo

“No hay enfermedades sino enfermos” se dice y enseña.

Incluso si pensamos en una malformación congénita, una meningitis meningocócica, una hemofilia, una hemorragia femoral por cornada de toro, una fractura abierta de húmero, etc, cada situación es irrepetible y cada paciente único.

Pero, lamentablemente, en palabras de Iván Illich: “El médico se ha convertido en un técnico que ejerce anónimamente su profesión, aplicando normas científicas a toda clase de pacientes y realizando diagnósticos despersonalizados”.

Al convertirse en “mecánicos de la salud”, los profesionales sanitarios pierden la oportunidad de ver sus consultas como libros abiertos que ilustran acerca del vivir de las personas y de la sociedad.

Contra la tiranía de la salud

Conviene la tolerancia que dulcifique la “tiranía social de la salud”, el “salutismo coercitivo” de Illich, en el sentido de promover y reconocer la libertad individual en la aceptación de los riesgos de la vida.

Al fin no se trata de evitar la muerte pues es una falacia la de “la muerte burlada”, como señalaron McCormick y Skrabanek: “vivir temiendo a la muerte es temer a vivir”. El disfrute de la vida conlleva permanentemente riesgos y es falso el ideal del “riesgo cero”, lo que es clave compartir entre pacientes y profesionales para hacerlo llegar a la sociedad.

La medicina como amenaza para la salud

Richard Smith, el entonces director del British Medical Journal, comentando la cuestión con motivo de su muerte en 2002, contó que lo más próximo a una experiencia religiosa que había tenido nunca fue escuchar al “carismático y apasionado” Ivan Illich exponer sus radicales ideas sobre la salud y la medicina rodeado de los “fósiles de la jerarquía académica en Edimburgo”.

Iván Illich argumentaba entonces que “la mayor amenaza para la salud en el mundo es la medicina moderna”. Esto en 1974, cuando Smith acababa de licenciarse en medicina y un año antes de que Illich publicara su polémico y clarividente libro “Némesis médica: la expropiación de la salud”.

“La salud es “la facultad de vivir con dignidad, en medio del dolor, la pérdida, el envejecimiento, la incertidumbre. Es la posibilidad de apropiarse del propio cuerpo, del propio proceso vital, incluso en su fragilidad.

La salud se reconstruye como un bien relacional, vinculado a la comunidad, a la cultura, al entorno. Se trata de relocalizar el cuidado, devolverlo a la proximidad, al saber compartido, a la escucha y a la reciprocidad”.

La medicina responde con pautas preventivas, terapéuticas y rehabilitadoras que “medicalizan” la sociedad y no quiere plantearse las causas del aumento de enfermedades, ya que estas causas constituyen la base misma de la sociedad capitalista y del sistema económico: ciudades masificadas, urbanismo salvaje, consumismo, trabajo precario y alienante, desigualdad social, marginalidad, pobreza, racismo, colonialismo, sobreproducción, contaminación, uso de técnicas e intervenciones sanitarias y de medicamentos innecesarios, y falta de cohesión social.

La expropiación de la salud

El planteamiento de Iván Illich en “Némesis médica”, distinguía tres ámbitos de daño médico:
1/ el clínico, producida por intervenciones innecesarias o excesivas a los pacientes,
2/ el cultural, por la expropiación de las capacidades y creencias de individuos, familias y comunidades en relación a la salud, la enfermedad, el dolor y la muerte y
3/ el social, al transformar la sociedad hasta convertirla en mórbida animando a la población a consumir más y más medicina.

La creciente expropiación de la salud incrementa los miedos a la enfermedad y al sufrimiento y "ceba" el círculo de dependencia de los médicos. Es una forma de infantilización que hace tolerables y normales algunos consejos de salud pública ridículos, del estilo de "Estamos en verano, camine por la sombra".

Como niños, dependemos de otros en lugar de caminar por nosotros mismos y ayudando a los demás. Además, como niños nos contentamos con el consejo y no exigimos responsabilidades; en el ejemplo, una geografía urbana que incluya suficientes árboles y espacios que permitan caminar en verano sin que ello nos exima de nuestras propias responsabilidades.

El "producto final" es una sociedad temerosa de la enfermedad y de la muerte, ansiosa con los resultados de los exámenes sanitarios rutinarios, y dependiente de los médicos para lograr un mínimo de estabilidad vital. De hecho, en muchos casos es una sociedad drogada con medicamentos generalmente innecesarios como la mayoría de los anti-hipertensivos, estatinas, somníferos, analgésicos (opiáceos entre ellos), para la osteoporosis, anti-depresivos y otros. Los pacientes devienen en el combustible del sistema sanitario.

La obsesión con la salud


Tituló un artículo en 1999, en “Le Monde Diplomatique”: “En los países desarrollados, la obsesión por la salud perfecta se ha convertido en un factor patógeno predominante”.

Escribió.
“El sistema médico, en un mundo imbuido del ideal instrumental de la ciencia, crea constantemente nuevas necesidades de atención médica. Pero cuanto mayor es la oferta de atención médica, más personas informan tener problemas, necesidades y enfermedades. Todos exigen que el progreso acabe con el sufrimiento físico, mantenga la frescura de la juventud el mayor tiempo posible y prolongue la vida indefinidamente. Sin vejez, sin dolor, sin muerte. Olvidando así que tal desprecio por el arte del sufrimiento es la negación misma de la condición humana.

Esta paradoja (a más salud objetiva peor salud subjetiva) se hace evidente al examinar los informes sobre los avances en salud. Deben leerse con doble perspectiva, como Jano: con el ojo derecho, uno se ve abrumado por las estadísticas de mortalidad y morbilidad, cuyo descenso se interpreta como resultado de los servicios médicos; con el ojo izquierdo, ya no se pueden ignorar los estudios antropológicos que dan respuesta a la pregunta: ¿Cómo estás?

Ya no se puede ignorar el contraste entre la salud supuestamente objetiva y la salud subjetiva. ¿Y qué observamos?» Cuanto mayor es la oferta de "atención médica", más personas manifiestan tener problemas, necesidades y enfermedades, y exigen protección contra los riesgos.

Cuanto más se deriva la oferta de esta abundancia de servicios clínicos del compromiso político de la población, más se intensifica la sensación de falta de salud. En otras palabras, la ansiedad mide el nivel de modernización y, aún más, el de politización. La aceptación social del diagnóstico "objetivo" se ha vuelto patógena en el sentido subjetivo”.

Sociedad convivencial


En sus propias palabras:

“Llamo sociedad convivencial a aquella en que la herramienta moderna está al servicio de la persona integrada a la colectividad y no al servicio de un cuerpo de especialistas. Convivencial es la sociedad en la que el hombre controla la herramienta”.

Iván Illich promovió la convivialidad (el convivio, la fiesta, el convite alegre y voluntario entre iguales), como el verdadero tesoro intangible e inagotable de los pueblos antiguos. Tesoro gradualmente secuestrado por el fetiche de la mercancía y del lucro individualista a toda costa.

Escribió: “De nada serviría ofrecer una ficción detallada de la sociedad futura. Quiero dar una guía para la acción y dejar libre curso a la imaginación. La vida dentro de una sociedad convivencial y moderna nos reserva sorpresas que sobrepasan nuestra imaginación y nuestra esperanza. No propongo una utopía normativa, sino las condiciones formales de un procedimiento que permita a cada colectividad elegir continuamente su utopía realizable”.

Illich fue un crítico implacable de la medicina, de la educación al servicio del consumo en el mercado capitalista; de la ciega y devota voluntad del progreso sin fin; del desarrollo económico y del mito del crecimiento sin límites del Producto Nacional Bruto en la inacabable economía capitalista. El axioma por todos aprendido es que el capitalismo no tiene fin.

En Nueva York

A los veinticinco años, Iván Illich emigró a los Estados Unidos de América y ejerció como auxiliar de párroco en Nueva York.

¿Por qué? En sus propias palabras:

“Quería alejarme de Roma. No quería integrarme a la burocracia papal y pensé hacer una tesis postdoctoral, algo que las universidades alemanas llaman “Habilitación”, sobre alquimia, acerca del trabajo de Alberto el Grande. Sobre este tema hay documentos muy importantes en la Universidad de Princeton y fui invitado a ella. Pero luego, durante mi primer día en Nueva York, literalmente en mi primera tarde, con unos amigos de mi abuelo, oí acerca de los puertorriqueños y su arribo. Pasé los siguientes dos días en el barrio sobre la calle 112 y la quinta avenida, la 112 y Park Avenue, debajo de los rastros de la Central de Nueva York, en donde los puertorriqueños tenían su mercado. Inmediatamente, fui a la oficina del Cardenal Spellman y le pedí un sitio en la parroquia de Puerto Rico. ¡Y fue así como me quedé en Nueva York!"

En Manhattan se hizo cargo de un centro en donde se atendía a inmigrantes puertorriqueños. Este cargo llevó a Illich a encarar una fuerte disputa en contra de migrantes italianos, irlandeses y judíos que rechazaban cruelmente a los nuevos inmigrantes puertorriqueños. Las absurdas demandas de los viejos inmigrantes fueron desafiadas por Iván Illich cuando decidió aceptar como parroquianos de la Iglesia Católica a los puertorriqueños que así lo solicitaban. Para Illich, la labor de aceptación de los puertorriqueños en los Estados Unidos terminó en 1956 cuando el cardenal Spellman e Iván, en presencia de treinta mil puertorriqueños reunidos en el campus de la Universidad de Fordham, festejaron a San Juan, el santo patrono de Puerto Rico".

Después, Iván Illich fue a Puerto Rico, como vicerrector de la Universidad Católica.

Desescolarización

En 1967 rompió sus vínculos con la jerarquía eclesiástica, ya que sus teorías pedagógicas, muy agresivas con cualquier forma de poder institucional, se mostraban especialmente críticas con la Iglesia católica y con el protagonismo que ésta había venido desempeñando durante siglos en materia educativa.

La tesis fundamental que alienta todas sus obras afirma que ninguna de las instituciones tradicionales de la sociedad industrial se adecúa a las necesidades reales del mundo actual, por lo que es necesaria una revisión de todas ellas, empezando por la que Iván Illich considera como la más perniciosa: la escuela.

“La educación de la escuela tradicional se ha convertido en una mercancía carente de valores éticos y concebida únicamente como un hábil instrumento para la formación de escolares utilitaristas y competitivos”.

Iván Illich propuso el aprovechamiento de otros "canales del saber", la denominada "corriente de desescolarización", que comienza por establecer de forma tajante que la mayor parte de los conocimientos útiles para un individuo de la sociedad contemporánea se adquieren fuera de la escuela (es decir, en contacto directo con el entorno familiar, las experiencias sociopolíticas y las vivencias culturales).

Una vez establecido este principio, Iván Illich propone en su teoría "desescolarizar" la educación, fomentar el aprendizaje informal y potenciar la creatividad del individuo dentro del entorno social en que se mueve, sin someterlo a los rígidos estamentos de la escuela institucional.

Epílogo

De Puerto Rico volvió a Nueva York, donde fundó el Centro de Formación Intercultural en la Universidad Fordham que se trasladó posteriormente, en 1961, a Cuernavaca (México) como Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) en colaboración con Valentina Borremans, Fedora Stancioff y Gerry Morris, como resultado de las discusiones entre Illich y Reimer a partir de 1966. El CIDOC se mantuvo durante una década.

Inicialmente el CIDOC era como un centro de enseñanza de español que paulatinamente se convirtió en un espacio de reflexión y crítica en el cual se reunieron grandes pensadores como Paul Goodman, Erich Fromm, Peter Berger, Paulo Freire y Sergio Méndez Arceo, entre otros.

A partir de los años 80, Illich viajó intensamente, y repartió su tiempo entre los Estados Unidos de América, México y Alemania. Hizo una estancia como profesor visitante de filosofía y de "Ciencia, tecnología y sociedad" en la Universidad Estatal de Pensilvania, e impartió seminarios y encuentros en la Universidad de Bremen.

También pasó por España, de la mano de Enrique Costas Lombardía, entonces economista en Antibióticos SA (su fábrica en León).

Durante los últimos veinte años de su vida sufrió un proceso cancerígeno en la cara que, en congruencia con su crítica a la medicina institucionalizada “el paciente muere para sanar”), se negó a tratar con métodos "profesionales". Practicó en cambio técnicas terapéuticas tradicionales, y de meditación y yoga. Los últimos años fumó opio, como analgésico, para mitigar el tremendo dolor causado por el tumor. En una fase inicial de diagnóstico le dieron una esperanza de vida de apenas algunos meses, pero llegó a sobrevivir casi veinte años más, haciéndose cargo él mismo de su enfermedad , en una relación de sereno y estoico cristianismo.

Para saber más

-Página oficial: Iván Illich https://www.ivanillich.org.mx/index.html
-Iván Illich: Némesis médica: la expropiación de la salud
https://ivanillich.org.mx/Nemesis.pdf
-Iván Illich: L’obsession de la santé parfaite https://lesamisdebartleby.wordpress.com/wp-content/uploads/2021/02/version-imprimable-de-lobsession-de-la-sante-parfaite.pdf
-Richard Smith: Limits to Medicine. Medical Nemesis: The Expropriation of Health https://www.bmj.com/content/324/7342/923.1