lunes, 14 de septiembre de 2026

El saber ya no ocupa lugar


Antonio Muñoz Molina/El País

Dice el Tao Te Ching: “El que sabe, calla; el que habla no sabe”. Quizás el que sabe algo está tan ocupado en su aprendizaje o en su trabajo que no tiene tiempo de hablar; y también puede ser que calle no por propia voluntad sino porque nadie le pregunta. En el ya consabido espectáculo colectivo de los golpes de pecho y las acusaciones a otros después del último Informe PISA he oído opinar copiosamente a expertos universales de tertulia, a catedráticos de didáctica, a consejeros autonómicos, a portavoces virulentos de partidos políticos, incluso a una ministra de Educación que no había levantado la voz hasta ahora. Lo que no he visto ni oído en ningún medio impreso o digital, televisivo o radiofónico, ha sido a ningún maestro ni maestra, a ningún profesor de instituto, y ninguno de universidad, salvo los especialistas en saberes arcanos como la Didáctica o la Psicopedagogía.


Habría bastado con consultar a dos o tres de ellos en estos últimos años para predecir lo que el informe, con su sobreabundancia de porcentajes tan específicos como dudosos, ha venido a revelar. Los grandes especialistas en cuestiones teóricas y en retorcimientos verbales que encubren prestigiosamente el vacío se parecen quizás a los miembros de los servicios secretos en que están tan ocupados en sus propias maquinaciones que no tienen tiempo de observar la realidad, o no la consideran digna de su egregia atención. Los miembros de la que se llamó hace años “la secta pedagógica” llevan décadas elaborando planes cada vez más complicados y más ininteligibles para mejorar de una vez por todas los sistemas educativos, y en convencer a los dirigentes políticos de la solidez de sus volubles innovaciones doctrinales y lingüísticas, pero ni unos ni otros han considerado nunca necesario consultar a los profesores acerca de la aplicación de sus teorías en las aulas, y menos aún de las condiciones en las que se ejerce a diario el oficio noble y desdeñado de enseñar.

Nada ofende más a los ideólogos de grandes planes redentores que la obcecación de la realidad en no acomodarse a sus vaticinios. Cualquier fracaso en la acelerada industrialización soviética se atribuía no al disparate organizativo de los planes quinquenales, sino a los sabotajes de ingenieros a sueldo de la contrarrevolución imperialista. Con mucha frecuencia, los comisarios políticos de la educación en España —tan aficionados a la burocracia como los soviéticos— echan la culpa del incumplimiento de los resultados que ellos esperan y exigen a la mala fe, a la indolencia, al conservadurismo de los profesores, que si tienen ya cierta edad son culpables de no saber adaptarse a los nuevos tiempos y a los nuevos métodos. Como no se les puede deportar —y ni siquiera despedir, en muchos casos— se ha intentado todo, hasta comprarlos. En eso fue pionera Andalucía en 2008, en tiempos de gobierno regional socialista: a los profesores se les ofrecía un bono si aumentaban el número de aprobados. Con eso no se mejoraba la enseñanza, y ni siquiera la economía siempre modesta del profesorado, pero sí se lograban estadísticas más vistosas, indicadoras del éxito contra el fracaso escolar.

No he hablado en los últimos años con ningún profesor que no mostrara su asombro y su alarma por una caída brusca no ya en esos resultados escolares que pueden cuantificarse, sino en la actitud de los alumnos, en su capacidad de atención y comprensión, en su interés por las cosas, lo mismo en el instituto que en la universidad. Un amigo me cuenta el primer día de su clase de historia contemporánea, en un aula lleva de estudiantes de primer año a los que se supone un interés en esa materia que al fin y al cabo han elegido. Empieza a hablar del 11 de septiembre de 2001 y del modo en que el atentado de las Torres Gemelas cambió de golpe la política mundial, y observa miradas de extrañeza y desconcierto en las caras jóvenes. Entonces se le ocurre pedir que alce la mano quien sepa qué ocurrió en Nueva York ese 11 de septiembre: solo una mano insegura se levanta, imagino que acompañada por el antiguo miedo escolar a que lo acusen a uno de empollón.

Esos alumnos estaban en una universidad española: hoy hemos sabido que a una parte considerable de la gente joven en Nueva York tampoco les suena, o solo vagamente, lo que ocurrió en su ciudad aquel día, y pareció que la marcaba para siempre. Alguno, un poco más informado, aventura que hubo un atentado con aviones, pero que se estrellaron contra el Empire State.

Nuestro consuelo de tontos es que el progreso de la ignorancia es universal, tan rentable para los nuevos fascistas y para los milmillonarios psicópatas y antisociales de las grandes compañías tecnológicas. Y la sórdida variante española es el espectáculo de los expertos de todo tipo pontificando sobre lo que no saben ni les importa y de los políticos utilizando un desastre que nos afecta a todos como munición para culpar a los otros y evitar cualquier autocrítica o asumir cualquier responsabilidad. Unos y otros son culpables por igual de la manía de imponer nuevas leyes de educación cada vez que llegan al poder, y de hacer atolondradamente, sin debate verdadero, sin rastro de consenso, sin prevenir los medios necesarios y por supuesto sin consultar a quienes tienen el oficio de poner en práctica esas leyes. Unos y otros son responsables desde hace muchos años de los bajos sueldos y la precariedad de muchos profesores, que no escapan de ella después de aprobar una oposición, de las bajas que no se cubren, las instalaciones que se deterioran sin que las arregle nadie, incluyendo una necesidad tan elemental en estos tiempos como la refrigeración en las aulas y la sombra en los patios, del papeleo incesante que estorba tanto la tarea de enseñar, y de la pérdida de respeto hacia los profesores, equivalente a la falta de consideración hacia el saber y de simple y anticuada buena educación.

En un país en el que los padres de un alumno de universidad pueden acudir al despacho del profesor para quejarse de la nota de su hijo se ve que hay responsabilidades muy compartidas, y que no todas ellas se remedian con medidas políticas. En su laberinto de estadísticas, el célebre informe mide el porcentaje del daño educativo que corresponde al desorden en las clases, según los minutos que un profesor tarda en imponer cierto grado de silencio, de modo que si queda algún alumno con capacidad de atención pueda aprender algo. En mis tiempos escolares, el orden en el aula estaba garantizado por la bofetada y la palmeta: en una sociedad democrática y bien educada, el valor que se atribuye al aprendizaje debería reflejarse en el respeto a quien lo imparte y a la comunidad igualitaria de estudio que él o ella forma con los alumnos.

Aquí las responsabilidades están más repartidas todavía. Está el profesor demagogo que se hace el payaso o el coleguita, y está el entorno en el que toda disciplina se vuelve sospechosa de imposición represiva, y está la familia que abdica del deber y la tarea fatigosa de educar, y en la que a los hijos se les pagan clases de piano o de jiu-jitsu, pero no se les enseña a ser considerados hacia los otros y a no cerrar de un portazo o no tirar al suelo el envoltorio de un helado. A leer no se aprende solo en la escuela: un padre, una madre, una abuela, lee en voz alta al niño y le enseña así el valor mágico de las palabras escritas, y cuando va con él por la calle y el niño señala un cartel y pregunta qué pone ahí se lo lee y se lo explica. Cuando veo un bebé con una pantalla delante, o un padre y una madre y unos hijos de ocho o nueve años perdidos cada uno en su teléfono en un restaurante, siento tristeza, ira, lástima. La lástima es hacia esos niños a los que se les están saboteando dos de las facultades mejores del ser humano, el conocimiento y la imaginación.

sábado, 15 de agosto de 2026

La madre que caminó doce kilómetros con su pequeña en el ataud


Datos históricos/facebook

El ataúd era tan pequeño que una mujer podía sostenerlo entre los brazos. Lo que pesaba no era la madera, sino todo lo que la pobreza había obligado a hacer para conseguirlo.
En marzo de 1966, una niña de dos años murió atropellada por un vehículo en Ciudad de México. Después de la autopsia, su madre acudió a retirar el cuerpo, pero antes debía presentar un féretro. No tenía dinero para comprarlo.
Salió de la morgue y pidió ayuda. Su llanto atrajo a varias personas, que reunieron pequeñas cantidades hasta completar el costo de un ataúd blanco. El fabricante también redujo el precio. Aquella colecta permitió que la niña pudiera ser entregada a su madre.
El dinero, sin embargo, se había agotado.
Sin recursos para pagar un vehículo, la mujer emprendió a pie el camino de regreso. Llevaba el féretro apoyado contra el pecho mientras atravesaba calles llenas de peatones, comercios y automóviles. El recorrido se prolongó durante varios kilómetros.
Enrique Metinides la acompañó durante parte del trayecto.
Para entonces ya era uno de los fotógrafos más experimentados de la nota roja mexicana. Había recorrido durante años accidentes, incendios, derrumbes y escenas criminales junto a los servicios de emergencia. Aunque sus periódicos buscaban imágenes impactantes, él con frecuencia apartaba la cámara del cadáver y observaba a quienes permanecían alrededor: familiares, rescatistas, curiosos y personas sorprendidas por una tragedia ajena.
Con aquella madre realizó una secuencia de fotografías en blanco y negro. La imagen más conocida la muestra de espaldas, sosteniendo el ataúd mientras la ciudad continúa a su alrededor. No fue una escena preparada. Era la continuación de una muerte que ya había ocurrido y de una despedida que todavía no podía comenzar.
Los nombres de la mujer y de la niña no quedaron asociados públicamente a la fotografía. El archivo conservó la fecha, la edad de la pequeña y las circunstancias generales, pero no las identidades de quienes cargaron con la historia.
Metinides había fotografiado numerosos cuerpos. Aquella vez documentó algo menos visible: la distancia que puede existir entre perder a una hija y disponer de los medios necesarios para enterrarla.
Un grupo de desconocidos consiguió pagar el pequeño ataúd. Después, la madre tuvo que cargarlo a través de la ciudad.

jueves, 30 de julio de 2026

¿ILEGALIZACIÓN DE LAS LLAMADAS EMPRESAS DE "DESOKUPACIÓN"?okupación”?

Creo importante abrir un debate serio sobre la ilegalización de las llamadas empresas de “desokupación”, que se esconden tras otras modalidades, falsas inmobiliarias, mediación, …, porque su actividad ha sido objeto de denuncias por presuntas prácticas de acoso, coacciones, intimidación y presión psicológica para conseguir que las personas abandonen una vivienda al margen de un procedimiento judicial y porque atacan a precaristas y personas en una situación económica transitoria, ocasionada por alquileres elevados, pérdida de empleo y hasta por enfermedades. También se puede comprobar su actividad en las redes, incluso en los propios portales de estas organizaciones.


El procedimiento para la recuperación de un inmueble tiene que realizarse únicamente a través de los tribunales y con todas las garantías legales.

Resulta especialmente preocupante que la mayoría de estas actuaciones se dirijan contra personas en situación de vulnerabilidad a través del miedo, la presión constante y las amenazas que hacen que en muchos casos, las víctimas ni siquiera se atrevan a denunciar y por ello, cuando existan indicios de delitos como coacciones, amenazas o acoso, la Fiscalía debería actuar de oficio, ya que el temor puede impedir que las personas afectadas soliciten protección o medidas cautelares.

Planteo esta reflexión ahora porque creo que no se debe normalizar o mirar para otro lado y es durante los meses de julio y agosto, cuando la actividad judicial suele reducirse, parece que algunas de estas empresas intensifican su actividad aprovechando la mayor sensación de indefensión de quienes sufren estas situaciones.

Ninguna familia o persona debería pasar por el sufrimiento de ver acosadas a sus hijas, hijos o familiares para abandonar una vivienda porque cuando se usa la violencia, la intimidación o las coacciones no suelen llevar razón y se vulnera el principio básico de cualquier democracia en la que solo los jueces pueden decidir sobre los derechos de las personas y toda resolución judicial puede ser recurrida con las garantías previstas por la ley.

Si te ves ante esta desagradable situación denúncialo desde el primer momento, desde la primera “visita”, desde el primer contacto.

¿Como actuar ante estas “empresas”?

No dejes que entren en tu vivienda sin autorización.
Llama a la policía.
Graba las situaciones de acoso o intimidación.
No te enfrentes y no respondas a las provocaciones.
Habla con tus vecinas y vecinos de lo que está ocurriendo.
Hazlo saber en tu ayuntamiento o concejalía de distrito.
Contacta con organizaciones de apoyo al derecho a la vivienda, como sindicatos de inquilinas o plataformas como Derecho al Techo, para recibir asesoramiento y acompañamiento.

Junto a estas empresas también existen formas de presión más discretas que son los llamados “desokupas de traje y corbata” quienes, en ocasiones, pueden actuar a través de determinadas agencias inmobiliarias, de supuestos personal shopper inmobiliarios o de otros intermediarios que recurren al desgaste psicológico, al chantaje emocional o a una actitud aparentemente amable y condescendiente para convencer a las personas de que abandonar su vivienda con aquello de que “es lo mejor para ellas”. Aunque los métodos sean diferentes, también pueden generar situaciones de enorme vulnerabilidad e indefensión.

Por otro lado, es imprescindible que las administraciones públicas creen oficinas y programas de información y defensa de las personas inquilinas. Estos servicios deberían actuar como observatorios de estas prácticas, ofrecer asesoramiento jurídico y social, acompañar a las personas afectadas y dotarlas de herramientas para defender eficazmente sus derechos frente a cualquier forma de acoso o presión ilegítima.

Los conflictos relacionados con la vivienda deben resolverse mediante jueces, leyes y políticas públicas que garanticen el derecho a la vivienda, pero nunca mediante el miedo, la intimidación o las coacciones. En una democracia, la Justicia no puede delegarse en empresas privadas, porque ninguna empresa privada, ya se presente como empresa de ‘desokupación’, agencia inmobiliaria o personal shopper inmobiliario, puede situarse por encima de la ley, ni sustituir las funciones que corresponden exclusivamente a los tribunales.

Javier Marrero

miércoles, 29 de julio de 2026

Alquiler Seguro desde dentro: tras la histórica multa de 3,6 millones, los abusos continúan

Martín Cúneo

@MartinCuneo78/El Salto

Mariana prefiere que no se conozca su nombre real. Aunque lo odia, no quiere perder el trabajo que le ayuda a pagar el alquiler. Después de convertirse en el centro de cientos de denuncias, artículos periodísticos y la mayor multa a una inmobiliaria española de la historia, la empresa lucha por defender su versión. Mariana trabaja para Alquiler Seguro y cuenta a El Salto cómo funciona por dentro.

Lleva varios años trabajando para esta inmobiliaria que presume de seleccionar inquilinos por su solvencia y asegurar el pago de la renta al casero el quinto día de cada mes, pase lo que pase. El 8 de abril de 2026, Consumo ratificó la multa de 3,6 millones por “prácticas abusivas contra los inquilinos”. Varios meses después, la empresa no ha cambiado su modus operandi, cuenta Mariana, aunque la sanción del ministerio que dirige Pablo Bustinduy obliga a “rectificar los incumplimientos detectados” y eliminar las cláusulas abusivas identificadas.

La multa fue recurrida por la compañía, que ha pedido medidas cautelares para no tener que pagar ni cambiar el modelo de negocio. Según confirman a El Salto desde Consumo, la sanción accesoria que obliga a que eliminen estas prácticas y la sanción económica están a la espera de decisión judicial. Mientras, la compañía no ha cambiado su funcionamiento y las cláusulas consideradas abusivas por el ministerio siguen vigentes. 

Entre las infracciones reseñadas, destaca la “imposición” del llamado Servicio de Atención al Inquilino (SAI), una fórmula para encubrir los gastos de gestión inmobiliaria y formalización de los contratos, según el texto de la sanción. La ley estatal de vivienda de 2023 prohíbe a las inmobiliarias repercutir estos gastos a los arrendatarios. Pero ni la ley ni la histórica sanción han conseguido, por ahora, que Alquiler Seguro deje de hacerlo, relata Mariana. La compañía ha rechazado hacer comentarios a este medio.

La empresa cobra por este servicio una cuota inicial de 990 euros más IVA (1.197,90 euros) y, por su mantenimiento, una cuota anual de 24,20 euros. Se trata de un “servicio opcional”, tal y como ha repetido en todos los medios de comunicación. Y así figura en los documentos que guían la atención al cliente. Sin embargo, “de opcional no tiene nada”, afirma Mariana. “Son muy estrictos con esto. Hay que decir siempre que el servicio es opcional, pero si no lo eliges, no te van a dar el piso”, enfatiza. El modelo de negocio de esta empresa, que gestiona 23.000 propietarios y 60.000 arrendatarios, consiste en filtrar inquilinos. Tal como confirman las denuncias de usuarios, Consumo y organizaciones de consumidores e inquilinos, quienes no contratan el SAI y otros servicios “opcionales”, no pasan a la fase final, en la que el propietario tiene la última palabra.

El Sindicato de Inquilinos fue una de las primeras entidades en denunciar a esta inmobiliaria y organizar las primeras acciones de protesta. Desde este colectivo, que llevó esta denuncia a Consumo junto con CECU y Facua, confirman a El Salto que la empresa sigue repercutiendo los gastos de gestión e intermediación al inquilino, aunque ahora lo hace de una forma “más sofisticada”. Según cuentan, antes no tenían reparos en decir que era obligatorio, “ahora insisten en que es opcional”, pero si no lo coges “no te dan el piso y se lo dan a uno que sí lo coja o que no ponga ninguna pega”. Esta información, aseguran a El Salto, está confirmada con relatos de inquilinos, pero también de varios trabajadores de Alquiler Seguro. 

El largo proceso de alegaciones y posibles medidas cautelares en manos de jueces, la mayoría de ellos conservadores, “muestran los límites” de la Justicia para defender los derechos de los inquilinos, dicen desde el Sindicato. Por eso llevan meses organizando una gran huelga de alquileres en Alquiler Seguro para que la compañía devuelva el dinero estafado y no siga cometiendo abusos. Dado el modelo de negocio de esta compañía, basado en asegurar el pago de la renta a primeros de mes, una huelga inquilina podría acabar para siempre con estos “profesionales de la especulación”, dicen en el Sindicato.

En la página de reseñas de empresas Trustpilot, el 65% de las personas valora a Alquiler Seguro con la peor puntuación posible, un uno de cinco. Las quejas más repetidas son las dificultades para contactar con la empresa, la falta de respuesta a las incidencias y desperfectos a pesar de haber contratado un seguro de hogar, la exigencia de presentar nóminas y extractos bancarios o la obligatoriedad encubierta del SAI y otros servicios ofrecidos por la inmobiliaria.

Protocolos internos

Cuando un posible inquilino rechaza pagar el Servicio de Atención al Inquilino o expresa dudas, se activa un protocolo interno: se avisa vía mail al área inmobiliaria para que los comerciales desplieguen el argumentario previsto para convencerle. “El SAI no es obligatorio, pero nosotros lo recomendamos a todos los inquilinos porque la experiencia nos ha enseñado que un buen acompañamiento durante un alquiler es la mejor opción para poder estar tranquilo”, reza el Manual de Formación.

En ningún momento se lo dirán, pero si no se deja convencer y acepta pagar un extra de servicios —“porque la experiencia nos ha enseñado que un buen acompañamiento durante un alquiler es la mejor opción para poder estar tranquilo” (guiño, guiño)— se caerá del proceso de selección, asegura Mariana.

En los manuales cuentan con preguntas frecuentes y diálogos ficticios a modo de argumentario donde la insistencia da pistas entre líneas:

—¿Es obligatorio contratar el SAI?
—No, el SAI no es obligatorio, pero lo recomendamos.
—Ya bueno, pero esto lo veo un gasto innecesario, ya me lo gestiono yo todo…
—Te explico, en realidad el SAI es una inversión en tranquilidad.
—¿Y qué gano yo con el SAI?
—Ahorro de tiempo y preocupaciones.
—Buff, no me convence…
—Ten presente que, sin este servicio, tendrías que gestionar cualquier problema por tu cuenta, lo que implica, a la larga, mayores gastos, complicaciones y quebraderos de cabeza.

Todas las conversaciones se graban y los protocolos y guiones de conversaciones están regulados hasta el último detalle.

En las condiciones de alquiler, los comerciales informarán que los gastos de gestión de la inmobiliaria y formalización del contrato “correrán a cargo de los propietarios”, tal como obliga la ley, y que solo será necesario abonar un mes de fianza, un mes de depósito de garantía y otro mes de alquiler en curso. Sin embargo, para llegar a ser elegidos por los propietarios deben pasar por un casting inquilino, una carrera de obstáculos en la que tienen que justificar su solvencia y aceptar las cláusulas abusivas de Alquiler Seguro para llegar al final del proceso de selección, explica Mariana. Todo esto en un contexto de crisis de vivienda donde cada piso en una ciudad como Madrid puede contar con más de cien pretendientes.

Y el SAI no es la única cláusula abusiva por la que Alquiler Seguro ha sido sancionada por Consumo. El ministerio de Bustinduy también multó a la inmobiliaria por la imposición al inquilino de un seguro de hogar “en beneficio de la parte arrendadora”, la exigencia de cargos por reclamaciones judiciales y trabas para dejar de pagar el SAI, entre otras infracciones graves y muy graves.

No es obligatorio contar con un seguro de hogar, según la Ley de Arrendamientos Urbanos, y así lo reconoce la compañía en la información que transmite a los posibles inquilinos que se presentan al casting. Pero si no lo contratan no pasarán la prueba, cuenta Mariana a El Salto. Pueden hacerlo con una empresa externa o con Alquiler Seguro. Los comerciales insisten en que los servicios son parecidos —en prestaciones y precio, unos 130 euros al año—, pero si eligen el seguro de la casa lo más probable es que tarde o temprano se encuentren con que “el servicio no existe”, admite Mariana: “Se paga ese dinero, pero no tienes ninguna cobertura, se van pasando la pelota”.

Mariana confirma la persistencia de otra de las cláusulas abusivas denunciadas por Consumo: las trabas para dejar de pagar el SAI. “Cuando un arrendatario deja de pagar los 24 euros anuales del SAI, normalmente se bloquea la ficha como si fuera un impago de rentas aunque no lo sea”, relata. Esto puede traducirse, continúa, en que el inquilino tenga problemas para la renovación del contrato, que no lo ayuden en las gestiones en curso y en las incidencias o que se convierta en “un perfil que ya no interesa” de cara a aspirar a otro piso gestionado por Alquiler Seguro.

Al hablar con El Salto, Mariana es consciente de que está poniendo en juego su trabajo. Por la oficina pasan propietarios que “buscan seguridad”, se quejan que desde la pandemia “lo tienen todo en contra” y que prefieren “alquilar a ‘gente de aquí’”. También acuden aspirantes a inquilinos que necesitan un piso con urgencia. “Hay un problema real con la vivienda. Esto ya se sabe, pero hasta que no ves en qué condiciones está viviendo la gente, familias enteras que comparten una habitación, no te das cuenta de la dimensión del problema”, narra. 

En el casting de Alquiler Seguro, este tipo de perfiles poco tienen que hacer. “Hay familias que vienen hasta dos veces a la oficina pensando que les puedo ayudar —continúa— y realmente yo no tengo ningún tipo de poder para facilitarles una vivienda. Además, no les puedo decir si tienen la ficha bloqueada y que nunca van a conseguir cita. Lo tenemos prohibido”.

En el ambiente asfixiante de una inmobiliaria pensada para asegurar en exclusiva las necesidades de la propiedad, Mariana sentía la necesidad de hacer algo, de contarlo: “Por un lado, llegan propietarios que me gustaría echar por las barbaridades que llegan a decir y, por el otro, me viene gente llorando a la que no puedo ayudar. Y es más, a la que estoy obligada a venderles el SAI”, confiesa. 

martes, 30 de junio de 2026

elDiario.es censura algo publicado


Ayer, elDiario.es Extremadura publicó, sorpresivamente, un artículo titulado «El nuevo armario: permiso para ser homosexual en tiempos queer». Firmaba Pablo Pacheco Domínguez, militante de Juventudes Socialistas de Cáceres.
Hoy, la censura del propio diario lo ha eliminado.
Lo dejamos aquí como testimonio de esa mano negra que silencia, amordaza e impide todo debate, toda opinión discordante, Ignacio Escolar.
«El Orgullo nació para defender la legitimidad del deseo homosexual. Hoy, una parte del discurso queer ha colonizado esa lucha: ha relegado el sexo, ha ocultado la opresión a las mujeres, ha diluido la orientación sexual, y ha desdibujado la experiencia de lesbianas, gays y bisexuales»