Marisol Ayala
En el año 1962 su marido compró una casucha en la orilla de Playa Blanca (Lanzarote) donde crecieron sus 11 hijos. La familia vivía de la cría de gallos, gallinas, cabras y la pesca; nadie se interesó jamás por la mísera casa sin agua ni agua ni luz pero en 1997 se puso en marcha un plan para “explotar” la zona y empezaron sus males; Julia, que no sabe leer ni escribir, recibió decenas de ofertas para que “se fuera por las buenas” pero su resistencia ha sido recompensada y hoy su casa se alza provocadora en medio de inmensos hoteles.
“Venga … entre … pase usted para que vea que no le miento. ¿Ve?, a este patio caían los cascotes y las piedras cuando edificaron el hotel y aquí -señala- nos resguardábamos mis nietos y yo para que no nos mataran esos bandidos. Si un tenique nos coge la cabeza nos deja listos…”. Cada vez que Julia Martín, 78 años, cuenta un episodio de su resistencia frente a la especulación urbanística se quita las gafas y se limpia el sudor. A veces hasta se emociona; ha sido la suya una vida tan dura, de tanto trabajo para sacar adelante junto a su marido, Juan Morales, a 11 hijos en tiempos de penurias que todo eso ha pasado factura a su cuerpo. “Usted apunte bien lo que yo le cuente para que vea como han sido los últimos años”, aconseja. Tiene ganas de hablar y no recuerda haberlo hecho antes para un medio de comunicación “porque las fotos me asustan y no sé hablar bien ¿sabe usted?”. No es verdad y ella lo sabe.
“Mire, la casa de Las Coloradas la compró mi marido no me acuerdo a quien; solo sé que tenía una habitación y que en ella dormíamos todos; los once chiquillos, mis suegros y nosotros dos. Figúrese…fueron tiempos de muchas fatigas,mi hijita. Nosotros, Juan y yo, trabajamos como animales. Muchos no saben lo que es echar y sacar las nasas. Se te parten los brazos; no teníamos casi fuerza para tirar de ellas pero nadie nos podía ayudar porque mis niños eran muy pequeños. La playa entonces estaba solitaria y solo teníamos unos vecinos pero le tiraron la casa y se fueron. Nosotros nos quedamos porque teníamos los papeles muy bien arreglados, que Juan para eso era muy ordenado”, concluye.
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