El cura y el banco del fondo
Cada tarde, al terminar la misa, el padre Gabriel se sentaba en el último banco de la iglesia. No lo hacía para rezar —eso ya lo había hecho de sobra— sino para observar.
Desde allí veía a las parejas tomarse de la mano, a los ancianos apoyarse uno en el otro para caminar, a los niños correr entre las columnas y a las personas solas que entraban buscando silencio.
Un 14 de febrero, notó a una mujer sentada en la primera fila, llorando en silencio.
Cuando la iglesia quedó vacía, se acercó con cuidado.
—Hoy es el día del amor —dijo con suavidad—, pero a veces es también el día en que más pesa la soledad.
Ella asintió.
—Perdí a mi esposo hace un año. Todos hablan de amor, pero yo solo siento su ausencia.
El padre Gabriel guardó silencio unos segundos y luego sonrió con ternura.
—El amor no desaparece cuando alguien se va. Cambia de forma. A veces se vuelve recuerdo, otras gratitud, otras fuerza para seguir. Pero nunca se pierde.
La mujer respiró hondo.
—¿Y cómo se aprende a vivir así?
—Amando de nuevo —respondió él—. No necesariamente a otra persona. Amando la vida, los pequeños gestos, las personas que aún están. El amor se multiplica cuando se comparte.
Cuando la iglesia quedó vacía, se acercó con cuidado.
—Hoy es el día del amor —dijo con suavidad—, pero a veces es también el día en que más pesa la soledad.
Ella asintió.
—Perdí a mi esposo hace un año. Todos hablan de amor, pero yo solo siento su ausencia.
El padre Gabriel guardó silencio unos segundos y luego sonrió con ternura.
—El amor no desaparece cuando alguien se va. Cambia de forma. A veces se vuelve recuerdo, otras gratitud, otras fuerza para seguir. Pero nunca se pierde.
La mujer respiró hondo.
—¿Y cómo se aprende a vivir así?
—Amando de nuevo —respondió él—. No necesariamente a otra persona. Amando la vida, los pequeños gestos, las personas que aún están. El amor se multiplica cuando se comparte.
Antes de irse, el cura le entregó una pequeña tarjeta escrita a mano:
“Donde hubo amor verdadero, siempre quedará luz.”
“Donde hubo amor verdadero, siempre quedará luz.”
La mujer salió con los ojos aún húmedos, pero el corazón un poco más ligero.
Y el padre Gabriel volvió a su banco del fondo, convencido de que su misión no era solo hablar de Dios, sino recordar a las personas que el amor sigue vivo incluso en los días más grises.
Y el padre Gabriel volvió a su banco del fondo, convencido de que su misión no era solo hablar de Dios, sino recordar a las personas que el amor sigue vivo incluso en los días más grises.



